Blanco


Todos los días se pinta de blanco,
sale a la calle llena de colores
y a cada minuto recibe un brochazo en la piel.
Su espalda, sus manos, su rostro
van siendo invadidos por luces y sombras,
se le van encendiendo de fiebre y de frío,
de forma que cuando regresa y se mira, no está.
Mas vive bajo su avalancha.

Ahora está sin salir
(casi nadie merece su amor),
pero saldrá cuando vayas por él.
Ahora te espera
en su tumba ambulante, llena de color,
hasta que tú la deshagas de amor.

Ahora te espera de noche, en su cuarto,
hasta que puedas entrar y salvarlo
de lo que nunca ha elegido y arrastra con él.
Tú, que de un beso lo configuraste;
tú, que le echaste más blanco y lloraste,
eres la vieja navaja que espera su piel.

Quiere blasfemar contigo
de Dios, de los hombres y de él;
quiere llegar más allá de la luz.
Quiere destruir las flores
con que se engañaron los dos;
quiere arrancar de su tierra una cruz.

Quiere olvidar que ha crecido educado;
quiere a tu hijo para empinarlo
como un papalote invencible,
vencedor del miedo.
Quiere decirle a cada vecino
que salga de sus miserables paredes,
que tome la vida de ustedes,
que no hay escondrijos,
y espera a que vayas por él.

Él no espera, mujer,
que vayas a hacer el amor.
Más bien la guerra es lo que quiere hacer.
Con veintipico de fechas
respalda su sana elección;
con veintipico de muertes, su amor.