Con Maiakovski en Moscú


El día era grande
de su estatura
un presagio de tiempos nuevos
una antesala de la fortuna.

Su canto grave rompía los credos
y cantaba canciones duras
cantaba golpes, cantaba el fuego.

Era el tiempo de los estrenos
el comienzo del porvenir
era el néctar contra el veneno
la tierra en celo, era el fusil.

Era el canto definitivo
y la vida cantó en su voz
la canción del desposeído
el canto bueno del buen cantor.

Arrebataba la poesía
de los cuellos para el encaje
y untaba en mouser la canturía.
Rompía las sedas y los ropajes
y teñidas de rebeldía
rojas banderas le hacían de paje.

Era el tiempo de los estrenos
el comienzo del porvenir
era el néctar contra el veneno
la tierra en celo, era el fusil.

Era el canto definitivo
y la tierra cantó en su voz
la canción del desposeído
el canto bueno del buen cantor.