Problema ideológico


Si no es mucho pedir
aspiro a no querer
como me han enseñado que se quiere:
cobrando un interés como seguridad
por si los sentimientos se nos duelen.

Si no es mucho pedir, diré que así voy mal,
que así me entierro en cosas de la infancia.
Como cuando un mayor nos prometía pasear
a cambio de obediencia y elegancia.

Si no es mucho soñar, me quedo afuera
a ver llegar el tiempo que se espera.
Sólo se oye decir: yo no lo alcanzaré;
eso es para la gente que vendrá después.
Como si el porvenir fuese de santos,
como si fuera inevitable el llanto.
Eso pudiera ser la justificación:
acomodarse al curso de la situación.

Nos pasamos la vida hablando de cambiar
sin reparar en que la vida pasa,
diciendo que los sismos van a terminar
la zona elemental de nuestra casa.

Los nuevos sentimientos no vendrán de Dios
sino de nuestra voluntad y ejemplo.
Si no aplazamos la valoración desde hoy
ni mañana ni nunca va a haber tiempo.

No veo ni a un peludo ni a un pelado,
ni a superhombres ni a homosexuales,
sólo al que no está dando lo que pueda dar.

El que se repartió será decente,
el que ayudó a vivir va a ser el hombre
y todo lo demás es pura confusión,
sitios del remolino de la transición.
Sonrisas paternales dentro de algunos años,
cosas de la aventura de asaltar el sol.