Segunda cita


Dedico Segunda cita al medio siglo del triunfo revolucionario de 1959 y a los bicentenarios de Edgar Allan Poe y Charles Darwin.

Doy gracias a mi familia y a mis compañeros de Ojalá, que me sostienen.

Créditos

Grabación: Ing. Olimpia Calderón
Mezclas: Silvio Rodríguez y Olimpia Calderón
Asesor: Ing. Jerzy Belc
Asistente: Ernesto Estrada García
Masterización: Víctor Cicard
Administrador: Juan Mario Chávez
Fotos: SRD
Diseño: Moltó
Producción y dirección generales: Silvio Rodríguez Domínguez

Músicos

Silvio Rodríguez/ guitarra, voz y coros
Arreglos (1 y 12), diseño de vientos en El gigante
Roberto Carcassés/ Piano, coros y arreglos
(2,3,4,5,6,7,8,9,10,11)
Feliciano Arango/ Contrabajo
Oliver Valdés/ Batería y percusión
Niurka González Núñez/ Flauta y clarinete
Haydée Milanés Álvarez/ Voz en Segunda cita y coros
Melvis Estévez Guzmán/ Coros
Adel González Gómez/ Tumbadoras
José Carlos Acosta Embale/ Saxofón tenor
Juan Carlos Marín Elósegui/ Trombón
Julio Padrón Veranes/ Trompeta
Alexander Abreu Manresa/ Trompeta
Liliana Serrano Fernández/ Violín
Elizabeth Herrera Rodríguez/ Violín
Julio Valdés Fuentes/ Violín
Silvio Duquesne Roche/ Violín
Anolan González Morejón/ Viola
Yosmara Castañeda Valdés/ Viola
Denise Hernández Raveiro/ Cello
Carolina Rodríguez de Armas/ Cello

Notas

Las canciones


1. Hay canciones que piden y canciones que ofrecen. Toma intenta ser de las que dan.

2. Los que gobiernan la información mediática trazan paisajes ideológicos. Dicen que la “guerra fría” quedó atrás, pero siguen usando sus mitos discriminatorios. Tonada del albedrío empezó a tomar forma ante tergiversaciones del significado del sacrifico de Ernesto Guevara. Pero también tenía pendiente subrayar su idea, expresada en “El hombre y el socialismo en Cuba”, de que el socialismo no pretende intelectuales asalariados al pensamiento oficial.

3. La primera canción que le escuché a Violeta Parra fue La carta, que le dirigía a su hermano Roberto, injustamente preso. Desde entonces reconocí en ella un magisterio al que he tratado de rendir tributo de tres formas: queriendo a su arte, a sus hijos y a su país. Lamento que en esta primera carta mía haya tenido que contarle algunas cosas tristes. Ojalá para la próxima sean mejores.

4. Hace veinte años tomé un avión hacia México en el que sólo iba otro pasajero: Gabriel García Márquez. Volábamos por un cielo de pocos amigos y nos fuimos dando ánimos el uno al otro. Mi compañero de viaje me contó que a veces se le ocurrían pequeños argumentos que después no sabía donde meterlos, y que quizá eran canciones. Había uno sobre una novia abandonada que llevaba a cuestas sus regalos de bodas. San Petersburgo tiene de aquella historia inédita que tuve el privilegio de escucharle al gran escritor colombiano y, al mismo tiempo, es un tributo a la ciudad que habita el fantasma de Pushkin.

5. A César Portillo de la Luz lo conocí hace cuatro décadas. Por entonces lo perseguía por los bares nocturnos en que él cantaba. En la secuencia lo vi construir canciones con los interludios que improvisaba entre tema y tema. Él fue parte de mi ritual de iniciación y me alumbró con secretos del oficio de trovador con poca voz. Saber que la inmortal “Contigo en la distancia” la había compuesto el mismo año en que yo había nacido fue algo que siempre me impactó. Odilio Urfé --pianista, musicólogo y persona inolvidable— llamaba a Portillo “el filósofo del bolero”. Demasiado se la dedico a César con mucha deuda y admiración.

6. Sea señora salió como un exabrupto. Es como un voto a la evolución política de Cuba, sin olvidar a dos pilares de nuestra historia.

7. “Nada hay más importante que un niño”, dijo José Martí. El gigante es una canción sobre esta idea.

8. En 2008 los cambios climáticos castigaron el Caribe. En Cuba tuvimos ocho muertes, más de 100 mil viviendas destruidas, muchas cosechas arrasadas, miles de millones en pérdidas. Después de tres ciclones y choqueados por los desastres, sobre nuestra isla parecía flotar un mal presagio. Huracán fue la música que me regaló una tarde oscura en que creí escuchar el saxofón de Charles Lloyd. Después se lo conté a Robertico Carcassés y él llevó al estudio al estremecedor José Carlos Acosta.

9. Aunque parece una plegaria a un pasado glorioso, Bendita (o Yo fui una vez) fue compuesta para el documental “Mujeres de la guerrilla”, de Consuelo Elba, que narra el azaroso devenir de algunas de las mujeres que participaron en la lucha revolucionaria en la Sierra Maestra.

10. Desde Cita con ángeles, compuesto entre el 11 de septiembre de 2001 y la agresión a Irak de 2003, me esperaban las cuitas de los ángeles de mi tierra… Cuba, como Prometeo, desafió los designios olímpicos entregando el fuego a los mortales. Pero nuestra luz reveladora también nos otorgó la responsabilidad de convertirnos en nuestros propios serafines. Por eso Segunda Cita es la historia del ser piadoso que algunos llevamos dentro. Y por ser –como somos—portentos pretendidos, nuestros atributos pueden resultar más entusiastas que eficaces. Ni más ni menos que como los ángeles presuntamente verdaderos de la primera cita.

11. Cuando yo nací, las calles de San Antonio de los Baños llevaban nombres de patriotas. Nunca supe por qué alrededor de 1970 los sustituyeron por números arábigos. Poco después, refiriéndome a mi habanero barrio de San Leopoldo, escribí un verso que decía: “la ciudad se derrumba y yo cantando”. Todavía era la infancia de las ruinas que llegaron a ser mi pueblo natal y Centro Habana… El coro de esta canción alude a un tiempo en que lo prístino respiraba y corría. Era la estación primigenia donde lo que hoy llamamos originario tenía que luchar para existir. Suerte y característica consiguieron que algunas almas lograran superar el olvido. Sus huellas bordan una bandera. Bajo ese emblema todavía marcha lo reconocible del pasado, como una suerte de pelotón fantasma que va engordando con lo que sobrevive de cada era. Autores selectos se suman a la columna espectral que algunos llaman tradición. La regla de ingreso a esa memoria es convertirse en Trovador antiguo.

12. En el cementerio protestante de Roma hay una sepultura en que se lee: “Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en el agua”. Es el epitafio que se hizo a sí mismo John Keats, poeta que vivió 26 años. Su texto lapidario inspiró Dibujo en el agua.


Silvio Rodríguez Domínguez
junio de 2009