Entrevistas


¿En qué etapa estoy? En la que no se permite hacer tonterías

Entrevistó: Roxana Pollo, periódico Juventud Rebelde, Cuba.
13 de diciembre del 1987

Silvio Rodríguez nació un 29 de noviembre y quizás alguien –testigo del alumbramiento— pensó, al estudiar su carta astral, que como Sagitario llevaría una vida azarosa.

Así meditaba yo al trasponer el umbral de su casa –que es palpar la normal sobriedad de la vida, sin gatos negros gigantes, alfombras suspendidas sobre el nivel del suelo o retratos de mujeres con sombreros como los del cuadro del viejo Chagall– para someterlo, durante dos tardes, a mi interrogatorio.

Silvio, ¿qué pregunta podría yo hacerte que no te hayan hecho?

Hay millones de preguntas sobre los objetivos de mi trabajo que no me han hecho nunca. A cada rato pienso y me doy cuenta de las cosas sobre las que quisiera hablar, sobre la relación del trabajo con la realidad inmediata y compleja que nos rodea, sobre cosas particulares.

Hay muchos tipos de preguntas que a ti se te pudieran ocurrir, todo está en que estés interesada en saber lo que no sepas y cuando te digo esto, no me refiero a temas simples, sino a lo que te hablaba anteriormente del trabajo, las bondades y las angustias del trabajo de uno, sus recompensas e ingratitudes.


Háblame de Silvio niño, adolescente y adulto.

Mi niñez y mi adolescencia son los momentos más importantes de mi vida, a pesar de que el éxito, o lo que los hombres llaman éxito, o eso que se llama éxito, haya venido en la madurez. Mi niñez y mi adolescencia fueron mi éxito, porque me prepararon espiritualmente para lo que habría de hacer después en la adultez.

Curiosamente hace poco me preguntaron una definición sobre mi poética y eso es una cosa que yo vinculo a mi niñez, decía entonces que lo que más me siento es niño. Yo nunca he dejado la niñez, a pesar de que cada año, cada día que pasa y en cada minuto, cuando me miro, me veo más viejo; pero lo que está ocurriendo es la acumulación de esperanzas.

La adolescencia fue fundamental, porque comienzo la adolescencia junto a la Revolución. Tenía 12 años en 1959 y me hice hombre al mismo tiempo que me hice hombre de mi pueblo. Fue una época matizada por la ilusión, la esperanza y el encanto. Yo hice mi adolescencia en un tiempo encantado.

La adultez tenía, ya te digo, que no anquilosar esa niñez, dejarla libre la mayor parte del tiempo posible, para crecer y no envejecer para ser sabio, no un hastiado o un calculador.

Una vez fuiste caricaturista en la revista Mella. ¿Cómo te caricaturizarías con palabras?

Una lombriz que se tragó un frijol.

Tradúcelo.

Un flaco con barriga.

La fecundidad de un compositor ¿de qué es síntoma?

Debe ser de su intranquilidad, de su búsqueda y un poco también de su inconformidad.

¿La tuya obedece a una ejercitación diaria o esperas por la inspiración?

Suelo esperar más por la inspiración, porque no tengo tiempo para ejercitar diariamente cuando menos la parte artesanal; después con lo artístico se ve uno más ayudado.

Yo tengo dificultades en ese aspecto porque desde el punto de vista de la instrucción escolar tengo bastante bajo nivel cultural. No tuve tiempo para enfrentarme a varias materias, para profundizar en ellas. He tenido que aprender a escribir de forma autodidacta, siendo muy exigente conmigo y de una manera muy rigurosa. Así me lo he autoimpuesto. Para mí es una meta lograr en cada canción un lenguaje lo más transparente y limpio posible.

¿Qué es para ti el público?

Es una forma curiosa y peculiar de masas. Un tipo de masas con un objetivo, un poco que está programada, condicionada. Y lo terrible es cuando uno trata de alterar eso, porque a mí no me gusta estar condicionado, ni ante un público condicionado; me parece que es como estar violentando la libertad del espíritu humano.

El fenómeno artista público es un fenómeno ritual. Es una forma particular de rito, y no sé porque hoy en día es necesario ese tipo de ritual y me doy cuenta que uno también se somete a ciertas presiones del acondicionamiento, debe ser porque no hay otra forma de vivir y de no ser considerado un loco.

¿Cómo es Silvio ante el público?

Ante el público me siento como cuando me monto en un avión. Es el miedo a la impotencia. Al principio estás aferrado, pero poco a poco te vas acostumbrando y terminas disfrutando, y se te nota.

Yo disfruto más los aterrizajes, esa es la verdad, y siempre se me nota, aunque nunca hago nada por agradar, no me pongo a rezarle a nadie. Lo que pasa es que al principio uno no sabe qué decir y después se da cuenta de que es lo de siempre. Uno despega y aterriza.

¿Te ha asaltado alguna vez la vanidad?

La vanidad es una cosa tan emperifollada que no tiene nada que ver conmigo. Pero supongo que sí, que me haya asaltado alguna vez, ¿por qué no, además?

¿Hay alguna presentación en público que haya dejado en ti una impresión especial?

Muchas, como la de la Plaza de la Revolución, el 3 de abril de este año, a la sombra del Maestro. Esa fue una noche especial, porque, entre otras cosas, se divulgó poco y concentró una cantidad extraordinaria de personas. Además, porque era una masa distinta, porque nadie iba allí a estar de pie hasta la madrugada por gusto. La gente iba porque quería, porque lo necesitaba.

¿Qué es lo que más admiras en el hombre?

Su afán de saber. Su capacidad de analizar y dar respuestas.

¿Cuál es el peor concepto que han emitido de ti?

Contrarrevolucionario.

Dime algo a lo que renunciarías jamás.

A ser fidelista. Yo creo en lo que me ha enseñado y demostrado Fidel. El otro hermano de Fidel, el que él no conoce, ese soy yo.

¿Qué es para ti la palabra éxito?

¿Éxito? Lo vinculo al recuerdo que tengo de la niñez, cuando en los cines de barrio la salida estaba marcada con la palabra exit.

Para mí el éxito ha sido responsabilidad, ha sido en vez de salida, entrada. A mí el éxito no me ha liberado, me ha engrillado, me ha puesto en el cepo.

Inconforme.

No me hace infeliz. ¡¿Cómo va a hacerme infeliz?! Cómo puede sentirse uno infeliz al ver que lo que uno hace, la gente lo aprecia. Eso es lo más grande que le puede suceder a un ser humano. Pero el éxito en realidad significa ataduras, significa más entrega, compromisos. Significa algo así como casarse.

La mejor lección que ha recibido.

He recibido muchas buenas lecciones. La mejor estaría entre aquellas que me han demostrado que en la vida nada es estático, que todo se mueve, renueva y mejora.

Pero, ¿tú quieres que te diga una?... por ejemplo, cuando nació mi hija. En ese momento comprendí cómo la vida no se detenía en mí, que había algo que yo había ayudado a crear y me iba a sobrevivir.

Dime una verdad sobre tu vida.

Soy enemigo del aburrimiento.

Una mentira.

¡Soy enemigo de las mujeres!


Qué reacción producen en ti las palabras:

Guitarra: Mujer

Soledad: Gratitud. No ha sido una mala compañera ni me ha dado demasiados dolores de cabeza.


Amor: Poesía. Porque si existiera alguna poesía en mí, esa me la ha dado el amor. El amor es la música de la esperanza.

¿Cuántas canciones tuyas no has cantado en público?

Las que no he cantado nunca, nunca, son pocas pero son algunas y lo he hecho por motivos personales, por caprichos.

Tu sueño más grande.

Por el que he luchado.

Tu peor defecto.

Supongo que debe estar en el área del amor, cuando me pliego, cuando me rindo ante mujeres que han acabado conmigo o que han empezado conmigo. Porque ustedes las mujeres son poderosas. Además, se lo merecen.

Tu mayor virtud.

Comprender que no soy un ser puro.

Dime brevemente tu criterio sobre: Jóvenes valores de la Nueva Trova.

Generacionalmente tienen una cosa a su favor que no la teníamos nosotros cuando empezamos, y es la comprensión. Desde el punto de vista artístico son muy exigentes. Son gente que sufre porque están empeñados en tratar su época y eso implica un desgarramiento. En ese sentido no son nada superficiales.

Música popular cubana.

Música popular es aquella que responde a un pueblo, a su historia y a sus costumbres; no aquella que se dice popular. Esa es la música popular para mí, no la que responde a los altibajos de la radiodifusión.

Con esto quiero decir que para hacer un análisis sobre el tema debiera empezarse por establecer lo que es considerado popular y lo que no. Pero como yo no soy especialista, y de lo que sé es de la canción, que es además texto, mensaje literario, estoy limitado para hacer un análisis profundo.

Arte y realidad contemporánea.

Hay expresiones de valentía en todas las artes y eso es importante, porque es revolucionario. Pero también hay un arte, entre comillas, muy mediocre que, lamentablemente, se reproduce en grandes sectores del pueblo. Ese es uno de los grandes problemas a superar, uno de los grandes retos de la cultura revolucionaria.

Qué han representado en tu vida artística:

Grupo de Experimentación sonora del ICAIC

Fue una posibilidad. Yo estaba prohibido en el ICRT y es la creación del GES la que me permitió seguir trabajando. En segundo lugar, significó la posibilidad de estudiar, de volver a cantar y enriquecer mi mundo.


Afrocuba

Afrocuba es bien distinto. Fue una mezcla química que me permitió unirme a un grupo de músicos valiosos y a un arreglista (Oriente López) muy informado y capaz.

¿Piensas que si te separas de Afrocuba la aceptación del público variará?

Seguramente. Lo que no sé es en qué sentido variará.


¿Qué es para ti la popularidad?

Es como el Sol, pues con la misma luz que te alumbra, te quema.

¿Te estorba?

Puede estorbarme un poco, pero a la vez me ha dado satisfacciones. A veces he tenido problemas personales y al salir a la calle me he encontrado con gente que me alivia las penas.

¿Dejarías de cantar para hacer poesía?

Yo dejaría de cantar para hacer cualquier cosa, pero uno no puede abandonar una cosa y empezar otra porque simplemente tenga deseos.

Con la canción he podido ser útil, entonces, para dejarla tendría que estar seguro de que lo que voy a hacer es más útil que lo que estoy haciendo ahora con mi canción.

¿Cuándo llevarás tus libros de poesía a imprenta?

Cuando no haya colas.

Tu canción preferida.

La gota de rocío. La escribí en cinco minutos. Venía tarareándola y cuando llegué a mi casa la escribí y le hice la música.

¿En qué etapa de tu desarrollo artístico te encuentras?

En la que uno no se permite hacer tonterías, por lo menos conscientemente. Una etapa en la que uno siente gran responsabilidad cada vez que va a abrir la boca o escribir algo. Una etapa en la que nada se perdona.

Una vez dijiste que nunca habías hecho concesiones ¿Hasta qué punto eso es cierto?

Me refería a concesiones artísticas. Nunca voy a dejar que me abandone el rigor al hacer mis canciones para atender a la popularidad.
Yo no hago concesiones para ser popular y si eso, además, me hace popular, ¡qué bien! Porque demuestra que se puede llegar a hacer algo riguroso y lograr que la gente te entienda y le guste.

Claro, también hay una gran subestimación en cuanto a lo que puede o no entender el pueblo. En ese sentido hay que dejar claro que lo que el pueblo no puede asumir es lo que no gusta y yo pienso que, en muchos casos, mucha gente tiene mal gusto porque lo que se les ofrece es de muy mal gusto.

¿Qué piensas sobre la labor de promoción de los nuevos artistas?

Ese es un trabajo que tienen que hacerlo coordinadamente el Ministerio de Cultura y los medios de difusión. Pero ese aparato muchas veces no funciona, entonces, los trovadores y otros artistas tienen que recurrir a la promoción espontánea, al “por su cuenta”.

Eso es algo que debe solucionarse; hay que crear ese mecanismo con gente que crea en los artistas y no piense que les hacen un favor.
Considero que hay un poco de espíritu mesiánico en cuanto al manejo de la promoción artística en general y, por otra parte, se hace muy difícil llegar a un plano real, visible y audible, si no es con la ayuda de esos aparatos, que son además, bastante deficientes. Sin embargo, puedes encontrarte a artistas que se esfuerzan por caer bien para ser mejor divulgados y entonces los que tienen otro carácter son víctimas de la no promoción.

¿Te aburren tantos viajes?

Sí, eso es un poco agobiante, sobre todo cuando uno no se puede desprender de la parte profunda de la vida de uno. A mí me fastidia un poco, yo no sé si será porque soy provinciano y mis orígenes son de un pueblo de campo, o a mi capacidad de viajar desde niño con la imaginación.

También cuando viajo, trabajo mucho. Los días se hacen agotadores, aunque hay partes de disfrute que uno trae en el espíritu, porque el artista necesita mostrar su arte, eso es justo, humano y útil.

De quienes te han acompañado en conciertos, ¿quién te ha impresionado más?

Quien más me ha aportado es Pablo. Pero no es un problema de cantidad, sino de calidad. Pablo es un artista con facultades vocales excepcionales, privilegiadas, y yo he aprendido mucho de él. Oyéndolo cantar he aprendido a resolver problemas de vocalización.

Dice Thorton Wilder que la soledad del poeta es la más terrible de las soledades.

Sabrá el por qué lo dice. Yo no tengo nada que agregar a eso, salvo que cualquier soledad debe ser terrible cuando se puede estar bien acompañado.

Y dice Vargas Llosa que el artista es un derrotado de la vida diaria.

Y yo digo que él es un derrotado de la historia.

¿Qué época histórica te hubiera gustado vivir?

Dentro de mil años. Cómo va a ser la gente dentro de mil años, sería interesantísimo saberlo. Pero, indudablemente, me quedo con mi tiempo, lleno de sorpresas gratas e ingratas, donde la sensibilidad del hombre se asombra como la de un niño.

¿Hay algo de ti inconfesable?

Muchas cosas, por la rigidez que impone la sociedad. Pero realmente nada es inconfesable; al menos, yo no tengo nada inconfesable. A ti te lo puedo decir, pero dudo que lo publiquen.

Si tuvieras que compilar tus canciones ¿qué título le pondrías?

Canciones.

Cuando te mueras ¿cómo te gustaría que te recordaran?

Cuando me muera van a decirse muchas cosas buenas y otra buena cantidad de barbaridades. Me gustaría hacer lo que hizo Jorge Luis Borges, anunciar la noticia de mi muerte para ver qué dicen. Estoy seguro de que me divertiría muchísimo.

Sin embargo, como yo he sido un hombre de mi tiempo, no creo que se me recuerde mucho. En general, me da lo mismo cómo se me pueda recordar, me importa más que me sepan.

¿Cuál es el último poema que has escrito?

No es un poema, pero al menos es lo último que acabo de escribir:

Ningún invierno
recompensa
la palidez del cielo
No hay gloria
que supla
la muerte
de un hombre
No cedas
inmortal
Hazte leyenda
en el rigor
del tiempo

“… y estará el poeta en su tumba, con los huesos dándole saltos de alegría. Porque de verdad que ese es el triunfo del poeta; que su poesía –la que recogió con su red para tratar de explicar o de hacer mejor el mundo— se funda con el pueblo, la cantan los obreros y la sientan como suya aunque se olviden del nombre del autor”. (Félix Pita Rodríguez).

Una idea domina porque resume y dignifica: Vencerá el poeta ante el rigor del tiempo.