Entrevistas


Silvio Rodríguez: "Los atributos de la edad estrangularon mi libertad juvenil"

Entrevistó: Gabriel Plaza, para La Nación, Argentina
19 de abril del 2016

En los últimos años, Silvio Rodríguez encontró en las misivas electrónicas la mejor manera de sentarse a reflexionar sobre su obra. El lanzamiento de un nuevo disco, Amoríos, con piezas inéditas compuestas en su período creativo más luminoso de fines de los sesenta y principios de los setenta, lo saca nuevamente del ostracismo y le permite hacer un alto en sus múltiples compromisos artísticos para escribir sobre las historias detrás de estas canciones: los recuerdos de infancia, el presente cubano, su descubrimiento del rock, los métodos para hacer canciones y la influencia de un magma artístico que terminó definiendo su obra tal cual la conocemos.



Las respuestas de Silvio a la distancia rebotan con el efecto lejano de una botella lanzada al mar. Es el perfecto encuentro con un lobo estepario que se mantiene a resguardo en su propia isla revolucionaria, un hombre tímido a salvo entre sus libros y su música, que frente a la pantalla de la computadora (de la misma manera que lo hace en sus canciones) puede abrir su mundo a los desconocidos con natural sinceridad.



¿Por qué pasó tanto tiempo hasta que decidió grabar estas piezas tan antiguas, aunque algunas eran interpretadas en vivo?



La explicación de estar haciendo ahora canciones de aquellos tiempos está en el hecho de que grabé mi primer disco en 1974, nueve años después de haber empezado a componer. Desde entonces nunca he conseguido "estar al día" respecto de mi producción. Por eso de vez en cuando trato de hacer un poco de justicia a canciones que me van quedando en el camino. Puede que aún me salgan dos o tres discos de temas que no alcancé a publicar en su momento. También tengo pendientes de publicación trabajos con los grupos Diákara y Afrocuba. Quizás esas sean mis próximas entregas, además de un disco con el trío Trovarroco, y otro más que estoy haciendo con mis últimas canciones, sólo con la guitarra.



¿Cómo eran los días de ese Silvio de juventud? Parece que padecía una fiebre por hacer canciones todo el tiempo.



Obviamente tenía mucho más tiempo para dedicarlo a lo que me gustaba. Para empezar era bastante menos solicitado. A menudo pasaba semanas encerrado, haciendo canciones, escribiendo, dibujando. Siempre he dicho que mi tiempo ideal fue un viaje de cuatro meses que hice en 1969 por el Atlántico. Allí tuve todo el tiempo del mundo para experimentar. Con los años aparecen compromisos, obligaciones y deberes. Estos atributos de la edad van estrangulando aquella libertad juvenil. Por eso siempre le digo a los jóvenes que no sean tontos y aprovechen mientras puedan.



¿Recuerda qué estaba escuchando por esos días y qué efecto tuvo en usted?



En los 70 seguí escuchando sobre todo mucha música orquestal de los períodos barroco, clásico y romántico. Hubo un momento en que me dediqué a Vivaldi. También escuchaba lo que entonces se conocía como underground: Frank Zappa, algo de rhythm & blues, Emerson Lake & Palmer y muchas otras cosas.



¿Qué cosas lo estimularon filosófica y musicalmente en su paso por el Grupo de Experimentación Sonora?



Yo estaba muy definido ética y estéticamente cuando llegué al GES. Había leído muchísimo, había escrito algunas de mis mejores canciones, pero era el más ignorante en materia musical. Justo al inicio del GES hice aquel viaje por las costas de África, con los pescadores. Regresé con 23 años, bastante salvaje, muy identificado con la contracultura. Usaba una emisión fea a propósito, cantaba sobre cosas que la mayoría rechazaba, hacía temas para molestar al auditorio. La necesidad de empastar con otras voces me fue metiendo por el aro. Estar en contacto con Leo (Brouwer) y con otros buenos músicos me enseñó mucho, incluso me civilizó. Me regalaron un reloj para que me levantara temprano y fuera a clases. No es una metáfora.



Hablemos de las canciones de Amoríos: "Tu soledad me abriga la garganta" me recuerda a la atmósfera de José Martí, Bob Dylan y tiene puntos de contacto con "Cantares", de Joan Manuel Serrat.



Martí me acompaña desde la niñez; en realidad nunca me ha dejado solo. Cuando compuse "Tu soledad..." había escuchado al Serrat de "Poco antes de que den las 10" y "Tu nombre me sabe a hierba", así que ni modo. Lo que sí había descubierto recientemente era a Dylan, que me lo acercó una amiga norteamericana, en 1969. Yo no entendía nada de lo que decía Dylan, pero creo que atrapé el aliento de un discurso largo sobre unos acordes repetitivos, algo así como una base estable sobre la que se podía construir un viaje. Eso pudiera estar en los orígenes de "Tu soledad me abriga la garganta". Por cierto, antes de grabarla para Amoríos recompuse los versos casi por completo, y algunos aspectos musicales surgieron del montaje con los músicos.



En temas como "En cuál de esos planetas" y en "Dibujo de mujer con sombrero" hay cierto clima de rock psicodélico.



A mí me parece que "En cuál de esos planetas" es una canción un poco en la onda de The Beatles, a quienes sí escuché muchísimo. En los tiempos en que hice algunas de las canciones de Amoríos, 1970, el rock era muy mal visto en Cuba. Los que componíamos así lo hacíamos completamente a contramano. Para la cultura oficial no éramos rojos, sino apenas rosados. Pero tampoco fui lo que pudiera decirse un auténtico rockero. El rock fue la música que se expandía por el mundo, justo en los tiempos en que yo me empezaba a dedicar a la música. Era imposible que no formara parte de mi quehacer. Aunque, por supuesto, matizado por mis raíces, por mi cultura, por mis propósitos.



¿Cuándo comenzó y cuánto tiempo le llevó de construcción la tetralogía de Exposición de mujer con sombrero?



La tetralogía la compuse en el verano de 1970, al concluir los carnavales de ese año. Me tomó un día hacer cada canción. Un año después la grabé íntegra, como material sonoro que el Pabellón Cuba llevaría a una exposición internacional que hubo en Chile, en 1972. Nunca más la volví a tocar hasta que en 2013 empecé a retomarla para Amoríos. La única canción conocida era la segunda, "Óleo de mujer con sombrero", que grabé en uno de mis primeros discos.



¿Qué libros lo afirmaron como hombre poético, como bardo trovador?



Siempre me gustaron los libros y parte de aquella cómoda cantidad de tiempo que una vez tuve la invertí en leer. Tengo bastante más libros que discos. Me da tristeza que la era digital esté matando eso. Hay quienes se empeñan en que no, pero sin dudas es verdad. Para empezar, por la capacidad de almacenamiento. Cuando yo estaba en el ejército iba de unidad en unidad con una enciclopedia amarrada con una soga y varios libros más, algunos de ciencias, otros de poesía.



¿Soñar con ser músico estaba dentro de las posibilidades de su familia cuando era niño?



En mi familia había algunos músicos, no muy destacados, pero sí insistentes. Mi propia madre hacía dúos con una hermana suya. Por mi parte jamás soñé con dedicarme a la música, aunque desde niño me gustaba; incluso a los 7 estudié un poco de piano. Yo pensaba que iba a ser dibujante, como era mi oficio.



¿Cuándo sintió que lo que estaba haciendo tenía su estilo, algo que persigue todo artista?



Eso es algo de lo que es muy difícil percatarse. Yo nunca me hice esa pregunta, yo he querido hacer canciones y hacerlas bien, lo mejor posible. En mi caso tenía empeño en demostrar que la canción era un arte como podían serlo otras artes; que la canción era más que una moda para usar y desechar, como un simple artículo de mercado. Eso me parece mucho más importante que tener una marca. Los estilos, lo singular, son materiales de estudio para los que se hacen ese otro tipo de preguntas. Lo que me viene a la mente es un listado sin fin de personas y circunstancias que incidieron en la inmensa suerte que he tenido. Un cúmulo asombroso de causas y azares.



Recuerdos de la abuela



"Hay una canción que le escuché cuando niño a mi abuela materna, María León -rememora Silvio-. Ella decía que eran canciones «deltiempoespaña». Creo que es un anónimo del siglo XIX, como «El colibrí», que también cantaba. Es «El adiós del soldado». No sé por qué esa canción me impresionaba tanto. Posiblemente porque es muy descriptiva, casi cinematográfica: «Adiós, adiós, lucero de mis noches, dijo un soldado al pie de una ventana. Me voy, me voy; no llores, alma mía, que volveré mañana... Ya se asoma la estrella de la aurora; ya se divisa por el Oriente el alba. Y en el cuartel tambores y cornetas están tocando diana»."