Opiniones


Silvio Rodríguez: el trovador que no quería cantar

Por: P. Sanz, para 20 Minutos, España
19 de enero del 2016

Hubo un tiempo en el que sus canciones estaban prohibidas en buena parte de Latinoamérica (Chile, Argentina, Guatemala...) y que tener una casete de Silvio Rodríguez era peligroso; tanto, que podía costarte la vida: hubo gente que fue torturada y desapareció por ello. Más de cinco décadas y una veintena de discos después podemos afirmar que el cantautor cubano superó, para nuestra suerte, la censura.

Su nuevo álbum, Amoríos, se puede comprar en plataformas digitales y se ha embarcado en una gira internacional que llegará a España en abril (día 3, San Sebastián; 8, Coruña; 10, Gijón; 15, Zaragoza; 17, Barcelona; 21, Gran Canaria; 24, Córdoba; 27, Madrid; 29,Valencia; 1 de mayo, Murcia. Entradas en Ticketmaster.es).

Nueve años han pasado desde su última visita y cinco desde su anterior trabajo, Segunda cita. Mientras tanto, Silvio ha celebrado medio siglo en activo tocando en barrios olvidados de La Habana y cumplió 69 años en noviembre. Sobran los motivos para revisitar su vida y obra.

El cuento de Cenicienta

Como ha reconocido muchas veces, Silvio Rodríguez Domínguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 1946) nunca pensó en trascender las fronteras de su país, ni siquiera en dedicarse a la música. En el documental Silvio Rodríguez, Ojalá (Nico García, 2012), define su carrera como "el cuento de Cenicienta". Nunca se me ocurrió que yo pudiera interpretar mis canciones

"Nunca se me ocurrió que yo pudiera interpretar mis canciones. Lo hice para darlas a conocer, porque no sabía escribir música", confiesa. Para Silvio, "es importante tener memoria, no olvidar de dónde salió uno: la falta de oportunidades, las escaseces... uno puede tener talento, pero también ha tenido mucha suerte", dice refiriéndose a sí mismo.

Sigue siendo el mismo chiquillo de origen campesino que llegó a La Habana en 1952, desde un pueblo a 26 km al sur, y que considera "muy corruptor" tener ducha caliente en un hotel. Ninguno de los lujos cotidianos que ha conocido en sus innumerables giras han pervertido el espíritu de este trovador que ha actuado en el frente (en la guerra de Angola), en cárceles, en barrios humildes... pero también en grandes pabellones y teatros.

A escondidas, prohibido y, finalmente, aplaudido

Aprendió a tocar la guitarra a escondidas durante el servicio militar. Cuenta que, mientras sus compañeros dormían, escapaba descalzo por la ventana para irse a practicar a 2 o 3 km de distancia (época a la que dedicó La guitarra del joven soldado). Al día siguiente de desmovilizarse, el 13 de junio de 1967, debutó en la televisión y ya no pudo dejar de cantar.

En 1968 ya participaba en conciertos junto a Pablo Milanés y otros artistas que fundaban, sin darse cuenta, lo que se llamaría la Nueva Trova Cubana. "Veníamos a romper esquemas", como siempre hace la juventud, reconoce mientras recuerda entre risas que ni él ni Milanés habían escrito hasta entonces una sola canción protesta. Vas a otro país y no esperas que la gente se sepa tus canciones. Eso da un poco de susto"

La mayoría de sus primeros temas los compuso durante un breve exilio –tras su despido por alabar a los Beatles en televisión ("quién fuera Lennon y McCartney", cantaría después en Quién fuera)– a bordo de dos barcos pesqueros. Al Playa Girón le dedicó una de las más de 60 canciones que grabó en tres cintas de noventa en esos cinco meses: Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol, Resumen de noticias, la celebérrima Ojalá...

El éxito le llegaría en los 80. Silvio califica de «fortísimo» el hecho de que le hicieran caso en España y, aún hoy, afirma: "vas a otro país y no esperas que la gente se sepa tus canciones. Eso da un poco de susto". Aquí grabaría su segundo y más exitoso disco, Al final de este viaje (1978), ya superado el franquismo que había censurado su debut Días y flores (1975), llamado en España Te doy una canción por no contener el tema que le daba título.

De su letra se puede extraer la frase que mejor resume la trayectoria de Silvio Rodríguez, el trovador que no quería cantar: Te doy una canción como un disparo, / como un libro, una palabra, una guerrilla: / como doy el amor.

"Tengo que dejar algo hecho concreto, construído... no pueden ser solo canciones que la gente cante". Silvio logró permiso del castrismo para montar el estudio Ojalá, donde guarda sus premios, guitarras, graba a otros artistas... y se digitaliza todo su legado (directos, inéditas, etc). Suben mucho material también a su web Zurrondelaprendiz.com.

Ver / Oír / Leer a Silvio Rodríguez

Una película: ‘Che el argentino’ (2008). "Había que hacerse mitad lo que uno fuera y mitad soldado", defiende Rodríguez, que ha ligado toda su vida a la revolución cubana. En esta ficción sobre la vida de Ernesto Che Guevara (Benicio del Toro, mejor actor en Cannes) aparece su canción Fusil contra fusil, dedicada al guerrillero. (Dir. Steven Soderbergh. Intérpretes: Benicio del Toro, Franka Potente, Benjamin Bratt)

Un disco: Amoríos (2015). El 21 de diciembre se publicaba el 19º álbum oficial de Silvio Rodríguez, que vuelve a sus orígenes para retomar 14 composiciones de 1967-80. Todas inéditas salvo Óleo de mujer con sombrero (éxito de su segundo disco), aquí en una nueva versión y parte de una suite de cuatro canciones (22 minutos), Exposición de mujer con sombrero. (Disponible en iTunes)

Un libro: ‘Te doy una canción’ (2006). Difícil de conseguir, este libro recopiló las letras de las más de 400 canciones que Silvio había publicado hasta entonces, acompañadas de sus dibujos, fotografías inéditas, anotaciones personales, curiosidades... Afortunadamente, la mayoría se pueden consultar ahora en su página oficial, Zurrondelaprendiz.com. (Temas de Hoy. 450 páginas, tapa dura. Descatalogado)