Opiniones


Silvio Rodríguez: Resumen de noticias

Por: Víctor Casaus
Agosto del 2012

Publicado en La Jiribilla No.589, Cuba.

Así, tomando como título el nombre de aquella canción memorable lanzada al aire desde el escenario del Festival de Varadero —que estremeció a muchos, disgustó a unos cuantos y reafirmó la ética de la nueva trova que nacía—, quiero repasar en esta crónica algunas de las acciones culturales visibles y activas en la labor actual de Silvio.

Voy a hacerlo, como es de suponer, desde la óptica del cómplice comprometido con los valores, los principios y los riesgos que hemos compartido durante décadas. Y lo haré tomando, muchas veces, las voces (sonoras o digitales) que han aparecido en estos diálogos, para difundir las propuestas que traen, las opiniones que encierran (o abren) y contribuir a ese acto de responsabilidad y riesgo tan necesario entre nosotros: el debate.

Es indispensable comprobar y destacar, en primer término, un rasgo que define todo ese proceso creativo del trovador en estos momentos: su vitalidad. Ello se demostraría mencionando ahora, brevemente, algunos de los temas que se abordarán aquí y que corresponden a programas o acciones culturales que Silvio viene desarrollando con sistematicidad y rigor.

Estaría en primer lugar, por supuesto, su producción artística: los discos sucesivos de estos últimos años que no resultan compilaciones de temas antiguos reelaborados, sino que incluyen canciones nuevas (o canciones de años anteriores, pero inéditas), que dan fe, por otra parte, de la intensidad de su mirada sobre los contextos más sensibles y actuales de nuestra realidad. Son canciones y discos en los que se complementan la sabiduría de la experiencia en el oficio, la poesía como herramienta fiel de comunicación y la agudeza del abordaje participante y crítico, como debe ser.

Por eso escribí/dije a propósito de la aparición de Segunda cita:

En este tiempo de búsquedas, reafirmaciones necesarias y cambios imprescindibles en diversas esferas de la vida social, atendamos a la palabra del poeta: …a ver si al fin la lucidez del alma nos visita.



Si no hemos ido logrando ser un tilín mejores desde aquella primera cita con los ángeles de la luz y de la historia universal, esta segunda convocatoria (en la que el trovador paga deudas con “las cuitas de los ángeles de mi tierra”) también parece decirnos que es posible —siempre— intentarlo de nuevo. (…) Y siempre, eso sí, con el amor y siempre, también, con la imaginación que es, como sabemos, esa otra forma de la belleza que el amor llama compromiso.


A esta labor creadora que conserva su frescura y su calidad —alejada de tópicos y esquemas que la empobrecerían— habría que agregar los programas, las acciones, las labores culturales que el trovador anima entre nosotros: el sello editorial Ojalá, el blog Segunda Cita, el sitio web Zurrón del aprendiz, el Premio de Creación Ojalá, la gira por los barrios…

Como decía, la simple enumeración de esos proyectos y realizaciones impresiona por su número, su intensidad y su diversidad. Habría que agregar, de inmediato, una característica esencial: están realizados por un pequeño equipo de trabajo, activo y comprometido con los objetivos que se persiguen. En ese sentido esta experiencia puede constituir un referente útil para las instituciones elefantiásicas, en las que proliferan las plantillas y las estructuras sobredimensionadas que tienden a establecer mecanismos burocráticos e inmovilizantes.

Además de la incursión de Ojalá en el terreno editorial, que ha permitido la difusión masiva entre nosotros de títulos como Cancionero o Las canciones del mar, Silvio ha establecido y desarrollado un canal de comunicación de extraordinaria importancia utilizando las posibilidades de las nuevas tecnologías: el sitio web Zurrón del aprendiz (www.zurrondelaprendiz.com) y el blog en evolución Segunda Cita (www.segundacita.blogspot.com).

El sitio ha permitido contar con una fuente autorizada de información sobre la obra del trovador. La generosa —y generalmente bien intencionada— proliferación de sitios “de Silvio Rodríguez” en Internet difunde, sin embargo, textos erráticos o informaciones incompletas sobre la vida y la obra del trovador. El sitio propio creado recientemente por él permite acceder a los textos definitivos de todas sus canciones, así como a una amplia muestra informativa y fotográfica, útil para la investigación, el estudio o el disfrute.

El blog que Silvio creó hace dos años constituye una experiencia muy importante. En primer término, tiene una característica probablemente única: es atendido de manera directa por el trovador, que participa en diálogos, debates e intercambios diarios, en un tono amistoso y/o familiar con los segundaciter@s.

Generalmente, los espacios de grandes figuras de la canción u otras manifestaciones artísticas en la Red son llevados por asesores o equipos de especialistas que “atienden” o dan respuesta a preguntas, inquietudes o solicitudes de la legión correspondiente de fans. Aquí vemos —leemos— al trovador interesándose por la salud de una amiga virtual en Argentina u ofreciendo su opinión abierta —a favor o en contra— sobre algún comentario enviado esa mañana al blog.

A través de esa participación directa, personal, se ha creado una comunidad de segundaciter@s que desde lugares de cuatro continentes sigue el intercambio de informaciones, anécdotas y criterios. Este blog pudiera verse como una expresión de la utopía en este terreno de la comunicación, el intercambio, el debate, la crítica y la participación. Que florezcan mil Segunda cita entonces, con esta visión rigurosa y participativa que no desdeña la responsabilidad y el riesgo. Los blogs no son la solución, pero son parte de la solución. Una parte pequeña probablemente, sobre todo por las capacidades tecnológicas actuales y la utilización que se hace de ellas.

Debatiendo allí el tema de las deficiencias, los alcances y la importancia decisiva de nuestra prensa, Silvio escribió en Segunda cita:

El "Granma de los viernes", que la gente empezó a esperar porque (aun con limitaciones) plantea cosas que antes ni se mencionaban, es tergiversado y re-dirigido por la prensa anticubana... Usan contenidos como "Hasta los comunistas reconocen el desastre"... "no les queda más remedio que decirlo". Pero escriben así porque no tienen qué decir ante la honestidad y, de paso, para que los que deciden el curso de la información en Cuba se arrepientan. No dudo que en algunas situaciones lo hayan conseguido. Los dirigentes de nuestra prensa deben convencerse de que lo imperdonable es que el pueblo cubano sea informado por quienes lo quieren llevar al matadero. Es mil veces preferible pasarnos en apertura que no llegar. En definitiva de lo que se trata es de que circule el pensamiento y haya debate. La coherencia de la Revolución y los logros de Cuba ganarán la pelea.


A propósito del comentario de una segundacitera latinoamericana escribí en el blog hace pocas semanas que la mejor manera de apoyar, ayudar (rendir homenaje también, cómo no) a lo que ha hecho y defendido el pueblo cubano en estos años es tratando de analizar, descubrir, ver, compartir transparentemente los aciertos pero también los errores. Como enseñanza personal y como lección para los demás. Siempre he admirado mucho la claridad de un hermano (una de sus tantas claridades nacidas de su mirada a la América Latina), de Eduardo Galeano, cuando dijo que no estaba de acuerdo con el infierno terrible que pintan los enemigos de Cuba, pero tampoco con el paraíso perfecto que amigos queridos se esfuerzan en dibujar —aunque esto parta de un propósito noble: el de apoyar y defender la justicia del proyecto y la valentía del pueblo que lo realizó—.

El tema de la juventud cubana también ha estado entre las preocupaciones y los intereses de los integrantes de esta comunidad virtual. Lien, una segundacitera de las provincias orientales cubanas, habló de “desarrollarnos con los jóvenes (para nada timoratos) comprometidos y con sentido de pertenencia a su país (…) ansiosos de jugar su papel de continuidad, resistencia y cambios, de hacer su Revolución, la que le toca hacer ahora”. Efectivamente, según otras intervenciones, ese territorio, el de los jóvenes, tampoco es el de las perfecciones imposibles, pero ahí está la fuerza futura mayor, que debe asumir sus responsabilidades más temprano que tarde —y ya es casi tarde— para terminar de construir un sueño que uno —nostálgico revolucionario— quisiera que no se desdibujara en sus esencias, que salvara las cosas fundamentales por las que tantos y tantas hemos estado bregando durante tanto tiempo.

Paralelamente, en aquellos días, Silvio ofreció una entrevista a dos músicos argentinos que se presentaron en varias provincias de nuestro país durante el mes de julio. También a través de ese eficaz medio comunicacional que es la entrevista (escrita o filmada) Silvio continúa participando sistemáticamente en los debates sobre temas esenciales del momento:

La juventud cubana de hoy es diversa, es una juventud que creció en un país donde todo era del estado y el estado tenía la responsabilidad de dárselo todo. Poco a poco hemos ido descubriendo que esa forma de ser no garantiza, como se creyó al principio, que todos los aspectos de la sociedad funcionen como debieran funcionar. Y ahora estamos reconsiderando ese fenómeno a nivel social, lo que implica un cambio de mentalidad y de realidad bastante grande.


Tenemos una juventud que por una parte tiene la conciencia de estar en un país con muchas dificultades y que tiene influencia de cómo es la vida en otros lugares del mundo, porque hoy en día la información viaja con mucha velocidad de un lugar a otro.  Es una zona de la juventud que sabe, que más preguntas se hace y que trata de profundizar en el origen de los problemas que tiene. Y hay otra parte de la juventud, como las juventudes de todos los lugares, que se hace menos preguntas o que es menos profunda y entonces asume la vida con más superficialidad.

Esa intensa actividad mediática, comunicadora, llevada adelante en los territorios virtuales, está siendo acompañada desde hace dos años por otra de signo aparentemente contrario: los conciertos realizados en los barrios más desfavorecidos de la capital. Más de 20 presentaciones han llevado a esos lugares las canciones de Silvio, sus músicos y otros artistas invitados.

Estos conciertos no resultan en realidad algo nuevo en la labor del trovador. Estuvieron, muy al principio, los parques iniciales, iniciáticos, donde compartía con sus jóvenes amigos la magia de las canciones recién creadas y la complicidad de los pequeños grupos de personas afines que admirábamos la complejidad y belleza de sus canciones, cuando todavía no habían aparecido en el horizonte los escenarios para sus presentaciones.

Después aparecieron esos escenarios —los pequeños y grandes escenarios— que Silvio y los fundadores de la Nueva Trova asaltaron a punta de tenacidad y de imaginación.

Metafóricamente, para el trovador, el barrio podía ser un barco pesquero en altamar frente a las costas de África, y aún la tierra misma de aquel continente en los días de la guerra de Angola, a donde el trovador fue a compartir canciones y riesgos con sus compatriotas y con los combatientes angolanos.

Han estado también esas jornadas de canción y arte en los establecimientos penitenciarios que Silvio llevó adelante para contribuir al fortalecimiento de la dignidad de aquellos que lo necesitan, a partir de la confianza y la autoestima.

Personalmente, me ha alegrado mucho acompañar la mayoría de estos conciertos en los barrios porque son iniciativas espontáneas y queribles, nacidas de las ganas de compartir, de enseñar aprendiendo.

No se viene a traer la cultura a estos barrios, la cultura, en su sentido más abarcador y más profundo, ya está aquí: en la manera de caminar, de bailar, de mirar o de hacer el amor, en todo lo que genera la gente en su relación con los otros, con el entorno, con el mundo.

Se viene a compartir esa expresión artística hermosa y comunicadora que son las canciones de Silvio que han acompañado, enriquecido, complejizado las vidas de varias generaciones de cubanas y cubanos (y no solo en nuestra Isla).

El barrio es una célula viva de la sociedad y de su gente. Estos conciertos vienen también a recordarnos la necesidad de activar la inteligencia latente, de reavivar y revivir los mecanismos locales, a favor de la búsqueda de la felicidad de la gente. Por ello seguramente, un vecino de esos barrios escribió en el portal Cubadebate, a propósito de una crónica publicada allí: “Felicito a la autora y les doy mil veces las gracias a Silvio por acordarse de la parte olvidada del pueblo, ojalá todos los artistas y los que no son artistas se acordaran de nosotros de vez en vez…”

Acompañar estos conciertos también me ha traído la maravilla de ser testigo de estas maravillas. Asistir a esta expresión de lo popular desde lo popular mismo; ver y escuchar a una señora gritar desde la segunda fila: “¡Te descargo, Silvio!”; sorprender en La Hata a un hombre, de postura desafiante y cara de pocos amigos, diciéndole de pronto a la mujer que tenía a su lado, al oír los primeros acordes de la próxima canción: “Esa es la mía, mamita”, y enseguida ponerse a tararear la tierna letra de “llega el enanito”.

El hombre —el ser humano— es infinitamente más complejo que lo que algunos suponen —o proponen—. El arte —el buen arte— tiene esa capacidad de develar, de descubrir, de interrogar, de avizorar, de susurrar emociones y comunicar contenidos profundos y sensaciones múltiples.

Estos conciertos que se realizan, directamente, en el hábitat de la gente que viene a disfrutarlos son, al mismo tiempo, pequeños laboratorios donde se mueven esos conceptos y se evidencian —en las imágenes y en los sonidos—  los formidables vasos comunicantes que van de lo popular a lo establecido y aceptado como culto y que ponen en tensión las barreras —cada día más débiles— que la apreciación académica de la cultura propone o a veces trata de imponer. Los tríos de Haydn, interpretados por Niurka González y sus acompañantes, sonando en el aire del barrio de “Los sitios”, dan fe de esos misterios.

Este era el resumen de noticias que quería compartir con ustedes, alrededor de esa vocación compartidora y analítica que el trovador viene desarrollando tan sistemáticamente entre nosotros. Sé que muchos se admiran de esa capacidad para entregar, compartir y distribuir el tiempo personal entre tantos fértiles territorios.

Si se buscan confesiones personales al respecto, pueden servir estas frases que aparecieron en Segunda Cita:

Lo vengo diciendo desde septiembre del año pasado, cuando empezamos en La Corbata: estamos haciendo una gira por los barrios que más nos necesitan, por los más desfavorecidos de nuestra capital. También les llaman marginales, pero a mí no me gusta decirles así. Porque en todos nos reciben niños educados, con zapatos, con escuelitas y casas del médico de la familia. En todos hay duros y abnegados trabajadores y familias decentes, aunque por las mismas calles puedan deslizarse bribones y violentos. Nosotros cantamos para todos. La música hace como un alto al fuego. Los fieros se amansan y sale lo que tienen de novios, de hijos y de hermanos. Y el vecindario se vuelve una familia unida, sonriente, como aplaudiéndose a sí mismo la maravilla que es capaz de ser.


“Mientras más barrios visitamos, más me alegra haber emprendido este trabajo”, nos dijo el trovador después de Mantilla y al borde de Pocitos-Palmar, sus locaciones de aquellos días (…) “Mientras más duras las realidades, más buena la cultura. Mientras más necesidad, más gratitud”.

Sí, la cultura pensada de esta forma, traída de esta forma, sentida de esta forma. Como un acto complejo, irreverente, humanísimo de amor. O como este resumen de noticias.