Opiniones


Silvio Rodríguez vuelve a los escenarios españoles

Por: Rafael Alba, para El Boletín, España.
18 de febrero del 2016

Sencillamente inolvidable. Terminaban los años setenta y en España todo olía a cambio y esperanza. Fue entonces cuando algunos tuvimos noticia de un movimiento artístico cubano, conocido como ’Nueva Trova’ y empezamos a conocer el trabajo de un fino cantautor llamado Silvio Rodríguez.

A diferencia de los artistas españoles del ramo, este, entonces, joven muchacho caribeño, manejaba con gran soltura la guitarra. Vamos que era casi un virtuoso. Y tenía estudios musicales, por lo visto. Y sus letras, a veces excesivamente cercanas a los tópicos revolucionarios, se alejaban de lo panfletario gracias a un aliento poético muy poco visto por aquí.

Además, el tipo también cantaba bien. Y en sus discos, editados por la mítica serie Gong de Movieplay, destacaban los imaginativos arreglos del grupo de Experimentación del ICAIC, dirigido por el maestro Leo Brower. Un verdadero lujo, sin lugar a dudas.

Pero aún faltaba lo mejor. Y eso llegó luego. Una noche estrellada en la Plaza de Toros de Vista Alegre de Madrid. Un recinto que, en la época, albergó muchos conciertos históricos. Todos lo eran en un tiempo en que los círculos culturales españoles rompían el aislamiento y empezaban a desfilar por los escenarios hispanos las estrellas internacionales que nos habían eludido antes.

El recinto estaba lleno y Silvio tomó asiento armado sólo con su guitarra en lo que parecía una seria demostración de valentía o irresponsabilidad. ¿Cómo iba a hacerse el artista, por muy bueno que fuera con una multitud así con tan poca potencia instrumental disponible? A algunos asistentes ni siquiera les parecía serio.

En menos de diez segundos, los que duró el primer rasgueado suave de su mano sobre las cuerdas de nylon de su guitarra de palo, Silvio convirtió aquel recinto abarrotado al aire libre en un pequeño club de aforo limitado. Y se metió al público español en el bolsillo. De una sola vez y para siempre.

Desde entonces España es uno de los mercados más fieles a un artista, que hasta ha sido reverenciado y reivindicado por colegas estadounidenses de fuste, como David Byrne, el líder de los Talking Heads que se atrevió a publicar en aquel país un disco antológico del cantautor cubano a través de su sello Luaka Bop. Y en los años más duros del embargo.

Los artistas españoles de este estilo también le reverencian y su influencia puede encontrarse en el trabajo de casi todos. Algunos, como Juan Fernández Fernández y Sergio Sleimanno tienen reparo en admitirlo, ¿por qué lo iban a tener?, y reivindican cada domingo el cancionero de Rodríguez en unas interesantes sesiones dominicales que tienen lugar en La Fídula, el acogedor local que Daniela Riso y Dani Fernánmantienen en funcionamiento en la madrileña calle Huertas.

Ahora la parroquia local, en la capital de España y en otras ocho ciudades españolas, (San Sebastián, La Coruña, Gijón, Zaragoza, Barcelona, Córdoba, Valencia y Murcia), porque Silvio Rodríguez volverá en abril a los escenarios españoles para reencontrarse con su público de siempre. Una cita ineludible, para muchos. Yo que ustedes, ya me habría comprado la entrada.