George Martin


Sir George Martin y familia;
Amigos presentes de la Gran Bretaña;
hermanos, compañeros, colegas,
seres que nos escuchan:

Lo primero que me nace decir es la razón que tenemos cuando sentimos gratitud por los que hacen la música. Todavía más por los que logran hacer un aporte a lo que se pudiera llamar la Gran Música, aquella no sólo capaz de hacernos silbar sino que logra convertirse en arquetipo, en el sonido que caracteriza a una época. Por esa razón nos hemos reunido aquí a dar gracias a un hombre que durante casi toda su vida ha estado respondiendo ―de distintas formas y en disímiles circunstancias―, al llamado del arte y de la música; un hombre que un buen día tuvo no sólo el privilegio sino además la valentía de formar parte de una vanguardia musical que después ganó el reconocimiento no sólo de la historia de un país, sino de esa gran Historia que compromete al mundo entero. Mencioné la palabra valentía porque hay que reconocer que George Martin entró en nuestra Historia en el instante en que creyó en cuatro jovencitos que entonces no significaban nada de lo que hoy significan; cuando aquellos muchachos sólo eran sueños por realizar y ansiedad porque alguien les diera la oportunidad de demostrar lo que valían.

Ahora, al llegar hasta aquí, me doy cuenta de que debo modificar lo primero que me nació decir. Porque en la misma medida en que es natural la gratitud por quienes hacen la música, lo es por quienes creen en los jóvenes. Por lo tanto también estamos dando gracias a George Martin por demostrar lo que sucede cuando se cree y se le da una mano al talento bisoño. Por cierto, quede incluido en esa dimensión de gratitud el Instituto Superior de Arte, a quien hoy toca el buen papel de honrar.

De pronto me viene a la memoria que en los primeros días de 1968, estrenando 21 años, perdí mi empleo de conductor de un programa de televisión por elogiar precisamente la música que en ese entonces ayudaba a elaborar el Sr. Martin. Es una coincidencia. A pesar del tiempo transcurrido, recuerdo con bastante nitidez lo que aquella noche comenté ante las cámaras: “los Beatles son admirables porque han borrado la frontera entre la música popular y la música sinfónica”. A mí no me habían gustado mucho las primeras grabaciones de The Beatles, pero me empezaron a interesar a partir de Rubber Soul y sobre todo de Revolver. Yo dije aquello porque acababa de escuchar Sargent Pepper, hoy día un disco de culto, un paradigma sonoro de aquellos chicos de Liverpool y, sin dudas, de su productor musical, el Sr. George Martin. Entonces no podía imaginar que, 34 años más tarde, iba a tener la oportunidad de dar gracias, personalmente, a uno de los autores materiales de aquella proeza que todavía se celebra.

George Martin nació en Holloway, al norte de Londres, en una humilde familia. Cuentan que aprendió a tocar el piano solo y que desde muy joven organizó grupos musicales. A él y a su generación le tocaron durezas ejemplares: siendo un adolescente prestó servicios de observador para la Fuerza Aérea británica, durante la Segunda Guerra. Ya entonces el joven George era un amante de las iniciativas y soñaba con inventar algo digno de presentar al mundo, quizá un avión aún más rápido que el Spitfire frente a los nazis. Sin embargo me parece que cuando continuó escuchando el llamado de la música, después de la guerra, estaba fundando verdaderas maravillas, ya que así pudo convertirse en uno de los seres humanos que puso al mundo de acuerdo respecto a lo que es la calidad musical.

Es de suponer que todos somos capaces de disfrutar de una buena grabación, y por supuesto de la música, pero se conocen pocos detalles de lo compleja que puede ser una buena producción discográfica. Se trata de un trayecto que empieza por saber escuchar, analizar y escoger el material sonoro. Después a veces hay que construir sobre lo virgen, pero es un pecado desvirtuarlo. Siempre he escuchado decir a grandes músicos que ellos no son arregladores sino orquestadores, que la materia prima original contiene implícitas las ideas para su desarrollo. Puede ser que la maestría en este sentido consista en saber distinguir los contracantos y otras sonoridades que son inherentes a un tema, elementos que permiten proyectar una orquestación. Creo que en el caso del productor integral que es George Martin, o sea que no sólo aporta ideas sino que además orquesta y compone, la palabra Maestro está muy bien empleada. También pienso que hay que ser sabio y lúcido para introducirse en la esencia de una música ajena, incorporar riquezas y salir limpiamente, sin que esa incursión parezca intromisión. No hay dudas de que Yesterday es una de las canciones más bellas que se recuerdan, pero la eficacia del cuarteto de cuerdas sugerido por el Sr. Martin está también viajando la eternidad. Lo mismo sucede con la atmósfera, entre evocativa y misteriosa, lograda en Strawberry Fields; también con la Inauguración (con mayúscula) que significa A Day in a Life y gran parte del trabajo que realizó con The Beatles. Aún sin conocer las interioridades de ese trabajo de tantos años y de tantas canciones, cabe conjeturar que una de las funciones del Sr. Martin consistió en favorecer la caracterización que seguramente ya traía consigo cada tema compuesto por aquellos talentos. Esto sin dudas contribuyó a diferenciar tanto los discos como las canciones entre sí. Por eso resulta verdaderamente ejemplar como la formación de este músico fue puesta al servicio de una trayectoria musical que es un arquetipo de diversidad y al mismo tiempo de coherencia.

Luego de su servicio militar, Martin estudió composición y orquestación de música clásica en la Escuela de Música Guildhall, de Londres. Su primer trabajo, después de graduarse, fue en la biblioteca de música de la BBC, donde es de suponer que continuó engordando su aprendizaje. Entró en la industria musical como asistente en 1950, en EMI Parlophone Records, y pronto lo hicieron responsable de las grabaciones de la producción clásica. Trabajó con artistas como Stan Getz y Judy Garland, estableciéndose, además, como productor de música de jazz y ligera. Siempre inquieto buscaba hacer aportes, en un esfuerzo por mejorar lo que entonces se conocía como el sello junk, de la EMI, y entonces logró producir una triunfante línea de grabaciones de comedias, con actores de primera línea, que fue conocida como The Goon Show. George Martin ha realizado con mucho éxito música para cine, ha fundado estudios de grabaciones y ha trabajado con los cantantes, actores, directores y músicos más célebres y prestigiosos del mundo occidental. Ha producido 700 grabaciones de las que al menos 30 temas resultaron número 1 en Gran Bretaña. La última de ellas, cuando anunciara su retiro, resulto ser el sencillo más vendido de toda la historia discográfica, dedicado a Lady Di.

Un disco es un viaje emocional donde podrá haber todo tipo de paisajes, pero donde la dramaturgia siempre nos debiera invitar a seguir escuchando. Por eso un buen disco es semejante a un argumento, a una exposición, a una tesis, a una historia bien contada. Haciendo esta labor para su propio goce y para el disfrute de todos, siendo ejemplar en ella, el joven George Martin, que deseaba inventar algo digno del mundo, se transfiguró en revelador de maravillas, en mago, en sabio, en alquimista, en duende del traspatio que sabe los nombres secretos, desarma cerrojos y nos presenta a ese susto encantado que solemos llamar belleza.

Estamos ante un hacedor, ese es el signo de esta vida, y esa causa sabemos que merece alabanza, sobre todo cuando existen fuerzas muy poderosas empeñadas en deshacerlo todo. Por eso el Sr. Martin ha recibido premios y distinciones, por eso lo aman en todas partes, por eso lo queremos nosotros, los cubanos.

Entonces ahora, con respeto ―pero sin almidón―, como tributo a la gloria de una dimensión humana dedicada a crear el bienestar de la belleza y a regocijarse y a regocijarnos con ello, quiero que todos los presentes me ayuden a improvisar una canción para nuestro querido amigo. La orquestación debe ser la de nuestras voces. Sólo es necesario que coronen estos nombramientos con una palabra.

George Martin, señor de los sonidos,
                                                           alabanza.
George Martin, encendedor de estrellas,
                                                           alabanza.
George Martin, abridor de caminos,
                                                           alabanza.
George Martin, curador de soledades,
                                                           alabanza.
George Martin, cómplice de enamorados,
                                                           alabanza.
George Martin, sembrador de recuerdos,
                                                           alabanza.
George Martin, compañero del canto,
                                                           alabanza.
George Martin, amigo de la audacia,
                                                           alabanza.
George Martin, hijo de los humildes,
                                                           alabanza.
George Martin, barredor de fronteras,
                                                           alabanza,
                                                           alabanza,
                                                           alabanza.

Muchas gracias.




Silvio Rodríguez Domínguez



 


 

 


*Palabras pronunciadas por Silvio en la ceremonia de entrega del título de Doctor Honoris Causa a George Martin, en el Instituto Superior de Arte (ISA), el 1º de noviembre de 2002.