“Un amor para decir te espero,
Abro los ojos
Abro los ojos y estoy sobre una sábana muy blanca. A un lado tengo un escaparate de tres puertas y al otro un tocador de media luna, donde me veo boca arriba. Estoy con la cabeza hacia los pies y observo que tras el lecho hay una ventana. Entonces me incorporo y con pasos temblones voy hasta el respaldo, donde intento subirme; caigo y ruedo varias veces, hasta que lo consigo. Desde esa altura mis manos siguen subiendo por la pared, hasta el marco. Me afianzo y tenso los brazos, pero no pasa nada. Hago un segundo esfuerzo y mis ojos se van elevando hasta ver más allá de la abertura.