Cayó una estrella
una hebra de diamante por el cielo
y un niño la encontró
y se le vio reír
y pidió para diez
y pidió
para mil
cien mil y todos
cayó una estrella
cayó un cabello
cayó un destello
cayó una sonrisa
de plata en la brisa
cayó una canción
Debiera bastar con inventar tus ojos.
Debiera bastar con hacerlos vivir.
Tus ojos abiertos son como tu historia:
van, solos, contando mil cosas de ti.
Los veo cual si viera la esfera de un brujo,
les veo países y escenas de amor,
mas donde debieran quedar los jardines
yacen instrumentos de hacer la labor.
Paula,
pequeña hermanita, niña sin jardín,
por no tener flores, sembraste una en ti.
Paula,
yo pudiera darte un inmenso jardín
si pudiera darte todo mi país.
Las nubes, ya viejas
de sentirme mirar,
me regalan visiones
que no sé expresar.
Y murmuran entre ellas
con antigua emoción:
ahí va el hombre de nuevo
a buscar su amor.
Un guerrero gana una batalla
y respira antes de regresar.
Levanta los ojos, ve las nubes
que desde pequeño ve pasar.
Vuelve a distinguir aves muy blandas,
rocas como en peregrinación,
mujeres quitándose las sayas,
dioses a caballo bajo el sol.
Y las nubes, ya viejas
de sentirlo mirar,
le regalan visiones
que no sé expresar.
Y murmuran entre ellas